martes, 17 de noviembre de 2009

HÁBLENNOS DE DIOS!!!

El siguiente artículo está escrito por un argentino para los obispos argentinos, pero es perfectamente aplicable a nuestra realidad.
Una angustiada exhortación a la Conferencia Episcopal Argentina
P. Ismael

Les hablaban a sus fieles del Cielo, el infierno, los ángeles, las dos naturalezas de Cristo, la Unión hipostática, la Iglesia Arca de Salvación, lucharon contra el subordinacionismo arriano, escribían tratados teológicos por la noche y durante el día administraban los sacramentos. Elaboraron catequesis mistagógicas, asistieron a concilios a lomo de burro o en carreta, celebraron la Eucaristíade espaldas al Pueblo, redactaron fórmulas de fe, catecismos y se hicieron tiempo para la oración, usaron bajo sus infaltables vestiduras pontificales el cilicio y se propinaron buenas disciplinas.

Fueron desterrados por defender la integridad de la Fe, los derechos de Dios, la incolumidad y libertad de la Iglesia. Si en alguna ocasión se enfrentaron con los poderosos de este mundo fue en tanto y cuanto su intromisión en los asuntos de la Iglesia puso en riesgo el depositum fidei y el sensus fidelium…

Si alguna vez se reunieron lo hicieron en los grandes concilios. ¡No conocieron las Conferencias Episcopales!

No viajaban así porque sí; tal vez una sola vez en su vida. No cobraron subsidios del estado. No fueron propuestos por mecanismos diplomáticos de nunciaturas y ¡los pobrecillos sólo tenían una única preocupación!: la gloria del Dios Verdadero.

¿Y estos quiénes son y de dónde vinieron?son los Padres de Iglesia –obispos en su mayoría-, queblanquearon sus vestiduras en la Sangre del Cordero.

Pobres, perseguidos, estudiosos, doctos, conespíritu principal, despectivos de la honra del mundo y los cargos eclesiásticos, tuvieron la irrenunciable obsesión de lo sobrenatural…

Se reúnen con religiosa y matemática puntualidad. Sus agendas (electrónicas) están repletas de compromisossociales. Son mesurados,prudentes(nunca una palabra jugada, nunca un perfil definido –excepción hecha de la opción preferencial por los pobres-, mejor, porlo pobre). En su mayoría licenciados o doctores. O pastores decompromiso social.

Al final de cada encuentro producen un “documento” y se vuelven con la satisfacción de haber iluminado la Patria.

Tienen un lenguaje errático, asimilado con los valores que el mundo acepta.“Solidaridad, tolerancia, diálogo, respeto por la vida, sensibilidad social, arrimo del hombro,y todos los etcéteras que se pueden subrayar en sus producciones literarias…

Ecuménicos (mejor irenistas), siempre prendiendo una vela para conmemorar un gesto de horror humano –¡bien por ellos!- pero nunca encendiendo las velas que la Presencia Real se merece.

Nunca una exhortaciónad intra, nunca pensamientos que muevan a la piedad, al aliento a los creyentes, nunca una advertencia a los sacerdotes a ser lo que deben (¡MINISTROS DEL SEÑOR!), nunca una cruzada de oración contra la inmoralidad imperante, nunca un acto de reparación por los innumerables sacrilegios que a diario se comenten contra la Eucaristía y la Bendita Madre de Dios…

Defienden el Quinto Mandamiento, pero se olvidaron del Sexto.

Denuncias sociales y nada más. No les pidamos más.

Serán diagnósticos acertados, pero no necesitábamos sociólogos con mitra, sino Pastores que enseñen el Evangelio y celebren los Santos Misterios de la Fe Católica. No queremos profetas de la denuncia sino pontífices de Cristo.

Llevamos decenios de denuncias sociales.

Los santuarios: lugares de piedad superficial, cuando no supersticiosa. Los seminarios: grupos juveniles para tocar la guitarra. La catequesis: una fragmentada colección de consignas para la convivencia…

Si los han perseguido, ha sido por los escándalos –que ni siquiera deben ser nombrados entre nosotros, como recomienda San Pablo- y luego desaparecen en tranquilos sitios de contención.

Ellos no duermen: descansan. No comen: se alimentan. No hacen turismo: hacen apostolado en el lago Di Como…

¿Y quiénes son estos señores monseñores? No serán todos. Serán algunos. Serán muchos. Dios lo sabe.

Pero en nombre Suyo y de los católicos me atrevo a decirles:Conferencia Episcopal Argentina, ¡Por favor, HÁBLENNOS DE DIOS!



Nota:

El sentido de las precedentes apreciaciones lo fundamento sobre unas preguntas básicas que di por supuestas en el desarrollo del artículo y tal vez no sean tan explícitas.

¿Quién es elinterlocutoro destinatario de estas frecuentes y calcadas declaraciones? ¿A quiénes les hablan estos documentos? ¿Por quiénes se encierran durante una semana los prelados?

¿Por los pobres? ¿Por los fieles que asisten a la Misa dominical? ¿Para quienes escriben? ¿Para los sacerdotes? ¿Para los creyentes? ¿Para los no creyentes? ¿Para Doña Rosa?

No. El interlocutor es la imagen (nada apologética) que se pretende mostrar ante la “opinión pública” (léase periodismo) y ante los gobernantes de turno de un grupo de los “líderes” de los católicos en el país.

No los juzgo. Juzgo sus escritos: escriben “para los de afuera”. No escriben “para los de adentro”, que siguen tan famélicos de la íntegra doctrina del Evangelio como tan lamentablemente hambrientos de pan se encuentran muchos hermanos nuestros.

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